Detalles pequeños son grandes obstáculos.

Detalles pequeños son grandes obstáculos. Un escenario común en la vida de cualquier persona, más aún de nosotros los cristianos con ansias de perfeccionarnos en los mandatos bíblicos. Podemos presumir de nuestro actuar y nuestro hablar cuidadoso que tiene un alto nivel teológico. Podemos mostrarnos casi perfectos y con la necesidad de decirlo. Sin embargo, el autoanálisis constante, riguroso y objetivo, es escaso o muy torpe.

La Biblia nos brinda muchos ejemplos de jactancia y autosuficiencia humana. Y toda enseñanza pulveriza el ego ante las palabras de un Señor soberano que, sin Él, nada somos.

Nadie se ha dado cuenta

Fui diagnosticado con diabetes tipo 2. Por lo general, esa enfermedad se presenta en mayores de 65 años o en personas obesas. Yo no soy ninguna de ellas. Mi motivo es simple: mala alimentación.

En medio de reuniones familiares, laborales o con hermanos en Cristo, nadie se daba cuenta que yo repetía los bocadillos muchas veces, ni si quiera yo. En las comidas siempre pedía más hasta ya no aguantar, hasta saciarme exageradamente. No engordaba, pero internamente mi cuerpo se inflamaba.

La biblia condena la glotonería (Proverbios 23:2; 28:7; 23:20-21) y aunque yo no podría ni pensar en beber alcohol o consumir un cigarro, ¿por qué aceptaba el atiborramiento insano de alimentos?. En mi caso fue la gula, pero en el caso de muchos podría ser un hábito «normal», desde el ego de redes sociales hasta un gesto inconsciente. Cualquier cosa podría sernos de tropiezo, algo que nadie se ha dado cuenta.

Una esposa piadosa y de ejemplo puede poner los ojos en blanco cuando su marido la corrige. Un esposo líder de su Iglesia, podría respirar profundo y con ira cuando le dice algo a su mujer. Un tuitero conocedor de la Biblia podría lanzar versículos como dagas y no como bálsamo para su hermano. Cosas que parecen insignificantes estorban al amor que debiéramos tener por Dios, el prójimo y por nosotros mismos.

Enseñamos la palabra de Dios, trabajamos para su Iglesia, pensamos que estamos bien y, aunque eso no es malo, siempre habrá algo que se nos escape por la falta de autocrítica y oración.

Los detalles están en la perfección de Dios

Dios en su inmensa sabiduría nos dio el mayor regalo de todos: a su Hijo. En Cristo tenemos relación directa con el Padre y el hermoso consuelo del Espíritu Santo. Su voluntad y rectitud es infalible, no aceptaría nunca la tibieza de nuestro corazón y andar. El Señor lo tiene claro, nos pone en su palabra cosas como que hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte (Proverbios 14:12). Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo (1 Corintios 10:23). Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! (2 Timoteo 3:5), hay demasiados versículos donde nos advierte que nuestro perspectiva es limitada y con errores muy graves, que no hay mejor cosa que Él.

Dios es perfecto, nosotros no. En el día decimos palabras ociosas, hacemos gestos vanos y tenemos pensamientos alejados de toda piedad. Examinarse y pedir en oración como David pedía al Señor que lo limpiara, es imperativo. Siempre necesitaremos de Dios, porque podemos tener hábitos que no reflejen al Señor.

¿Qué tenemos que no le agrade a Dios? Meditar en la palabra y orar, siempre ayudará.


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