Sabiduría estéril

Te muestras impávido siempre ante las noticias, ante la publicidad y la dulce canción de la radio. Estás cómodo y desperdiciado; perfectamente programado para tener ese instante de existencia. Respiras y contaminas, caminas y destruyes, miras e idolatras al consumismo como terapia o estilo emergente de libertad o autosuficiencia. Eres lo que piensan y eso basta, no importa la sociedad porque concluyes que está podrida y tus visiones de superación son lo importante.

La vida que tienes es una enorme checklist tan predispuesta a complacer lo que viste en las películas o a la necesidad de pertenecer, de sentirse inmersa en las ideas supuestamente radicales pero que no son más que alarde de algo que no posees y solo te ves hueco e inútil, patético, convertido en un chiste que hace reír a los poderosos y que mientras no te gustan los guisantes el hambre del mundo crece al unísono de tu ignorancia. Desvalido e ignorante, podrías ser alguien con suerte.

Te educaste tan bien para tu precario empleo, sobrevives, te acomodas, mejor es votar por el de cara bonita: un ladrón que te mereces. Leer no sirve de nada, te lo repitieron siempre, no comerás de eso. Comerás del capitalismo que quieres criticar, pero no puedes porque tuiteas muy cool. Siempre hay que estar más seguro que libre, eso te dijeron. Elijes la piedra con la que quieres tropezar, tienes todo bajo control, pero el control te tiene a ti tan aburrido e hipnotizado que se defeca en tu dinero, tus sueños, tus motivaciones, tus quejas, tus gustos; el control te controla, te incita a que te reproduzcas y sigas un círculo tan aberrante que, si tú le dices al niño sí, ellos le dirán no; tendrás un niño para que lo confundan, serás un mal padre porque le dices azul al azul mientras ellos deciden que el rojo se siente verde y no puedes juzgarlo. Que los colores son de Dios y eres el más estúpido e intolerante precursor de odio. La amada programación colectiva que en sociedad te forjaron, esa misma te escupe, te abraza, te anima, te apedrea, te excluye y te invita.

Estás enfermo porque todo está diseñado a que lo estés, pero te gusta, te gusta decir que lo estás y disfrutas de la atención, del quejambroso ser humano en que te has vuelto porque el mundo te debe algo, te debe lo que viste en Disney o en los comerciales de Coca Cola y la única respuesta es el nihilismo, aunque ni si quiera sabes qué rayos significa eso, pero así eres. Eres un títere, un ser repetidor e incansablemente lleno de insoportables actitudes que te ensalzan en lo especial que te ves, pero solo en tu cabeza.


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