Cualquier cuento

Mi papá me llevó al cine. Yo tenía 5 años y desde siempre he sido la persona más impaciente que he conocido. Un jueves me anticipó que me llevaría el domingo. ¿Te imaginas el grado de desesperación, ilusión y fantasía que me causaba eso?

Cuando ya estaba sentado en la butaca, viendo La historia interminable, el miedo me invadió. Estar viviendo lo anhelado, me paralizaba. La idea del momento terminándose, me mareaba.

Yo ni si quiera me movía, sentía que si lo hacía, iba a estropear algo. Estaba quieto, como encantado y observando hasta las palomitas aplastadas del suelo.

Esa ilusión, esa perfección, ese anhelo no lo iba a desperdiciar, tampoco a olvidar jamás. Son cosas que te marcan y determinan tu forma e incluso el espacio en que decides moverte.

A lo largo de mi vida, volví a experimentar momentos parecidos al del cine, pero ninguno fue tan poderoso y amenazante como el momento en que volviste. Me amabas, me necesitabas, era tu vida. Me sentí un niño de 5 años. Aterrorizado.

Volví a sentir que si me movía, se rompería esa perfección. Eras mi domingo de cine, mi anhelado domingo de cine. ¿Crees que sería capaz de romper con algo tan hermoso y significativo para mí?

Y es ese caos el que me ayuda a valorar la calma. La misma que siento al saber que si me muevo no te irás, que si me paralizo te quedarás.

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