Libro electrónico o libro físico, una razón más para tener en cuenta

La mayoría de las veces que debo salir, por norma personal, entro a una librería. Deambular por el lugar hasta elegir cualquier libro que nos llame la atención es un viejo hábito difícil de mantener en estos tiempos. Estamos convencidos que somos soberanos de nuestras decisiones, pero lo cierto es que, no leemos algo si no nos lo recomienda nuestro canal de internet preferido.

Hablemos sobre Kindle de Amazon. El aparato supervisa tu lectura, dónde te detuviste, qué te llevó a quedarte más tiempo en cierta página, cuánto tiempo de tu día inviertes en leer determinado libro de tu biblioteca, etc. No nos es difícil pensar en que esto puede perfeccionarse: sensores biométricos que permitan saber qué parte nos emocionó, nos hizo reír, nos hizo bostezar, qué fragmento nos aceleró el ritmo cardíaco. ¿Se imaginan? libros que nos leen mientras los leemos.

Olvidamos lo que leemos, Amazon no olvida nunca. La precisión absoluta de las recomendaciones de lectura romperá con toda intimidad entre un libro y su lector. Todo esto sería con nuestro consentimiento y, para hacerlo más orwelliano, también con nuestro entusiasmo.

Los lectores electrónicos nos simplifican la vida. Yo tengo uno y lo amo. Sin embargo, no queriendo tornar esto algo conspirativo, el individuo se verá aplastado desde dentro, desde si mismo. No serán gobiernos o poderes fácticos, sino lo que dejemos entrar en nosotros a causa de nuestras dependencias personales y la suma de decisiones condicionadas que, no solo afectará nuestros gustos literarios, sino toda nuestra constitución como ente racional con voluntad propia.


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