Ya quieren salir.

Por defecto, mis manías se cansan a medida que pasa el día. Se me gasta el ingenio y los ojos arden por la luz del ordenador. El click, click, click, click del teclado se entrelaza con la oscuridad del cuarto.

Acabo de escribir una línea, la borré toda. No sirve.

Cantan, están ahi, sonríen, caminan, se sientan, esperan. Me hace ilusión saber que no sabré qué sucederá. Es indescriptible el cansancio y la sensación de dejarlo ir es sin duda el alivio que merezco. No sé qué sucederá, me gusta.

Los monstruos de mi cabeza quieren salir. Me dejo llevar.
Los escribo. Nacen. Vomitan. Me toman por completo y yo desaparezco.

Le comenté al psiquiatra que no estoy loco, solo soy un escritor.

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En marcha.

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